Poner límites

Hola a tod@s,

 

Hoy quería hablar un poco de los límites.

 

A lo largo de mi vida me ha costado pedir favores. Siempre he sido una persona que si podía prescindir de algo o podía conseguirlo yo sola, para que iba a pedírselo a alguien? Nunca he sido de las que piensan: “si no lloras no mamas”, más bien he sido de las que piensan: “Deja de llorar que a nadie le importa”. Hace poco decidí reflexionar un poco sobre esto…

 

Qué me estaba impidiendo pedir favores? Me di cuenta de que era debido a la creencia de que pidiendo algo, ponía a la otra persona en el compromiso de decirme que si.

Y porque me iba a tener que decir sí? Pues nada mas y nada menos que porque yo hacía lo mismo estando en su lugar.

Ahí fui consciente de que el problema lo tenía yo. A mí me costaba decir que no cuando me pedían un favor, por lo tanto, pensaba que poner a alguien en esa tesitura era injusto y decidía no hacerlo.

 

Qué consecuencias tenía para mi decir que si siempre? Para empezar hacía cosas para complacer a los demás, pero a mi me hacían sentir incomoda, por lo tanto hacía las cosas porque debía (obligación) y no porque quería (responsabilidad).

Fijaos que gran distinción. Obligación vs. Responsabilidad. Donde deberíamos estar?

 

Por otro lado, el típico amigo de “te doy la mano y me coges el brazo”, que todos tenemos de esos, no paraba de pedirme favores porque sabía que lo haría, hasta incluso cuando no quería, para no generar conflicto y hacerle feliz.

 

Qué importante es poner limites, no creéis? Mi consejo es que, en el momento en que empecéis a sentiros incomodos con algo que os han pedido o con algo que os han hecho pongáis un limite. Decir que si a disgusto no te ayuda a tu relación contigo mismo ni con los demás, al revés, solo genera malestar, rabia, incomodidad, obligaciones…

 

Dejadme que os cuente una cosa muy graciosa que me pasó el otro día gracias a lo cual entendí que esto de poner limites y dar espacio para que los demás también los pongan lo he conseguido interiorizar:

 

El otro día salí de clase y me monte en un taxi para ir a casa. Al llegar a la esquina de mi portal el taxímetro marcaba 8,50 euros.

 

– “Lo redondeamos a 9 señorita?” Me dice el taxista.

– “No gracias, déjelo en 8,50”. Conteste yo.

– “Muy bien, siempre hay que preguntar, ya sabe, el que no llora no mama”. Me dijo el taxista con una sonrisa”

 

Salí del taxi y dije, WOW, en otro momento probablemente hubiese dicho que si, que lo redondease a 9, sólo para no generar un conflicto y probablemente hubiese llegado a casa y le hubiese dicho a mi compañera de piso: “Hay que ver como son los taxistas, te puedes creer que el que me ha traído quería redondearme para arriba? Y me lo pregunta así, tal cual!?” y ella me habría preguntado qué le había dicho, y yo le habría respondido que sí con cara de decepción. Pero ese día al oír la pregunta del taxista me dedique un momento para pensar la respuesta, y sentí que no estaba cómoda diciéndole que sí, así que le dije que no y para más sorpresa, él se lo tomó alegremente. Llegué a casa pensando, WOW, este tío si que sabe, el pide pero no espera que todo el mundo le diga que si, simplemente da el espacio para que el otro decida libremente. Y como consecuencia pensé, WOW, y si todas las veces que he dicho que si a peticiones que no me hacían sentir cómoda hubiese dicho que no y se lo hubiesen tomado así de bien? Cuanto malestar y criticas al llegar a casa me habría ahorrado…

 

En fin, Decid que no a lo que no os convenza y empezad a hacer las cosas porque queréis y no porque debéis.

 

Os mando mucho amor,

Claudia

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